Mi historia

 2006. Tocaba hacerse las fotos para la orla de la Universidad.

Mis compañeros de licenciatura y yo, subíamos al último piso de una de las torres de la facultad de Biología, donde nos esperaba el fotógrafo para inmortalizarnos en imágenes que luego nos recordarían aquel momento cada vez que las viéramos. ¡Cómo imaginar que aquella foto iba a ser para siempre, la memoria de un cambio tan grande en mi vida! Paré en el baño a vomitar sin tener clara la razón, pues nada me hacía sentir mal o nerviosa. Miguel ya me acompañaba en mi interior sin que yo lo supiera.

El embarazo fue inicialmente un claro conflicto para una estudiante universitaria que se pagaba los estudios trabajando las noches del fin de semana sirviendo copas en los bares cercanos al campus. Pero jamás fue rechazado o puesto en duda como deseado o bienvenido. Durante mi adolescencia cuidé de mis hermanos como una segunda madre. Aprendí todo lo que se debía hacer con un bebé y tal y como mi madre me recordaba con su maravilloso ejemplo, se hizo perfectamente compatible con el desarrollo de tareas académicas y personales de ocio. Mis cinco hermanos y yo hemos crecido con unos padres que nos han educado en el esfuerzo, la satisfacción personal y las tareas compartidas, de modo que mi fuerza de voluntad se las debo a ellos. Debo reconocer que este entrenamiento fue determinante en lo que me esperaba.

(…) una madre que convirtió en labor profesional la lucha por la salud de su hijo.

Imagen 1. Gabriela en el laboratorio del grupo de investigación BioLab (IUBO-AG, Universidad de La Laguna)

Poco duró la especial fuente de ingresos de mamá, dado que comprometía directamente la salud del “peque”. El papá asumió buena parte del esfuerzo económico, y con ayuda de la familia, yo pude continuar estudiando y manteniendo una rutina saludable además de satisfactoria académicamente. Pudiera parecer difícil, pero mantenerme enfocada en los estudios me ayudó muchísimo. Disfruté incluso. Poder estudiar sin tener que ir a trabajar en horario nocturno me dejaba una cabeza clara y más receptiva.

El nacimiento de Miguel fue ansiado y festejado por la totalidad de la familia que abarrotó la sala de espera del hospital. Nos costó mucho tiempo, dolor y esfuerzo ayudarle a venir al mundo, pero tras más de 20 horas, un día como hoy, 13 de febrero, todos y cada uno de los que allí estábamos, pudimos celebrar su llegada. Poco sabíamos entonces de lo que aún nos quedaba por delante, y menos mal. Aquel día simplemente, disfrutamos y respiramos aliviados al sostenerle en brazos y ver sus ojitos vivos y risueños.

Sé que Miguel pasó hambre, sufrí cada minuto que le negué la comida cuya Seguridad alimentaria no estaba a la altura requerida. Pero yo compartí esto con él y también pasé hambre.

(…) inventé protocolos de seguridad en prevención de alergias alimentarias, para él en casa, que hoy día aplico a restaurantes por su efectividad.

Los primeros 4 años de vida de Miguel han sido un auténtico reto de paciencia, tenacidad y esperanza. Una actividad rutinaria y tan necesaria como “comer”, que de antemano se interpretaría como un derecho e incluso un placer, para él se convirtió en una prueba de supervivencia, tan decisiva para su bienestar que en los casos de ambigüedad sobre la composición/origen de los alimentos, la única opción viable era el NO COMER.

Sé que Miguel pasó hambre, sufrí cada minuto que le negué la comida cuya Seguridad alimentaria no estaba a la altura requerida. Pero yo compartí esto con él y también pasé hambre. Lo que me jugaba era esa horrible visita a urgencias del hospital tras la reacción alérgica, con él cianótico (desmayado y sin respiración) contando los segundos en voz alta y rogando que no sufriera daño cerebral por el tiempo sin oxígeno. No me arrepiento de nada. Tampoco de los enfrentamientos con todo el que creía que yo exageraba, que “no era para tanto” y que “por un poco no pasa nada”. Aquí comenzó mi fama de “insoportable” y sin embargo estoy orgullosa de todo ello. Hoy Miguel puede leer estas palabras aquí, sentado a mi lado.

Elegí conscientemente estar de parte de los profesionales de hostelería. Apoyarles y tratar de ser una herramienta en su cocina. Darles soluciones y crear posibilidades (…)

De todo el bagaje médico y numerosas visitas traumáticas a urgencias, obtuvimos 3 diagnósticos: intolerancia al gluten y alergia a leche y huevo. Una vez tienes claro el enemigo la lucha se esclarece y toma un cariz estable que ayuda al día a día, por duro que sea. La época más dura fue sin duda aquella en la que convivíamos con la ambigüedad, sin saber qué era lo que hacía que Miguel tuviera reacciones cutáneas muy agresivas, dermatitis crónica, gases y dolores permanentes, incluso episodios frecuentes de sangrado intestinal. Solo tenía 2 años y su vida estaba supeditada absolutamente a sus reacciones a los alimentos. No solo los que comía, sino también aquellos con los que entraba en contacto, incluso a las cantidades residuales que pudieran permanecer en las manos, el mobiliario, por juguetes o los utensilios de cocina. Descubrí e inventé protocolos de seguridad en prevención de alergias alimentarias, para él en casa, que hoy día aplico a restaurantes por su efectividad.

(..) llevar la gastronomía a un punto donde el consumidor se sienta, además de satisfecho, SEGURO.

Imagino que a estas alturas de la historia a nadie le es extraño ya el porqué de mi profesión. En esa época aún no había normativa de alérgenos ni formación para profesionales. Aún estudiaba cuando empecé a ayudar a las guarderías, comedores y colegios que conocían mis experiencias. Ni que decir tiene que andaba todavía muy lejos de los conocimientos que manejo actualmente. ¡Trece años han dado para muchos títulos de especialización y experiencia en aplicación práctica! Pero aquello fue el “germen” de mi vida profesional y se lo debo todo a mi pasión como madre.

Imagen 2. Mi gran amiga (y alma gemela) Sandra Rodríguez

Sé que mi historia es compartida por muchas familias que han sufrido mucho, algunas incluso no pueden contar que sus seres queridos con alergias alimentarias sigan con ellas. Es muy injusto saber que todo depende de la alimentación y de quien la elabora. Mi caso es la muestra de que con información, formación profesional y buenos apoyos de médicos y asesores sanitarios; las vidas de los afectados no corren riesgo al alimentarse cada día, ni dentro de casa ni fuera de casa. Es posible conocer y controlar cada alimento que llega al plato, solo hace falta motivación y asesoramiento.

Imagen 3. Mis increibles padres y hermanos

Toda esta experiencia se fue convirtiendo poco a poco en mi labor profesional. Tras licenciarme, en la Tesina Final de Máster MBA elaboro un proyecto educativo para el entorno escolar que llamé PROYECTO SANPANI, (SANidad PAra NIñ@s) donde aplico por primera vez la fórmula mágica de la integración de asesoría y formación profesional, como solución en hostelería, a la prevención y seguridad de las personas alérgicas. De esta idea se creó toda una actividad empresarial gracias a la cual muchas personas desempeñamos nuestra actividad profesional con remuneración económica.

Elegí conscientemente estar de parte de los profesionales de hostelería. Apoyarles y tratar de ser una herramienta en su cocina. Darles soluciones y crear posibilidades en su enorme labor. Es muy duro, una enorme responsabilidad, saber que tienes a tu mesa a una persona con riesgo de morir con lo que coma.

Reconozco que ha sido duro y doloroso, pero también gratificante y enriquecedor (…)

Imagen 4. Noche de la gala de entrega de premios de la Revista MASMUJER

Durante todos estos años he ido complementando mi conocimiento con numerosos títulos: Máster universitario en Biomedicina, investigación biomédica y publicaciones científicas como el estudio sobre marcadores genéticos de la celiaquía, cursos de posgrado en Seguridad alimentaria y legislación asociada a nivel europeo(con la Agencia Española para la Calidad y  con Bureau Veritas)  y la más reciente, una titulación universitaria como perito judicial especializado en Seguridad alimentaria en el año2018. He sido activa en la divulgación para lograr promover la necesidad de concienciación sobre la Seguridad alimentaria, usando siempre el cariz de humor y dinamismo que me caracteriza. He participado en televisión y radio, regional y nacional.

(…) premio a “Mujer emprendedora 2016” de la REVISTA MÁS MUJER (Islas canarias) en su I edición de premios.

Reconozco que ha sido duro y doloroso, pero también gratificante y enriquecedor gracias al apoyo de mi familia y mi alma gemela Sandra. Todo lo vivido me ha hecho lo que soy y no cambiaría nada. Lo mejor de todo es tener a mi lado, sano y salvo, a Miguel. Junto a mi marido José Manuel y el pequeño Garoé, son mi razón para ser feliz. Con ellos recogí el premio a “Mujer emprendedora 2016” de la REVISTA MÁS MUJER (Islas canarias) en su I edición de premios. Fue impactante y halagador, gratificante además para una madre que convirtió en labor profesional la lucha por la salud de su hijo.

(…) hacer accesible mi experiencia de forma digital. Es mi mejor modo de aportar asesoramiento y formación a los profesionales de la hostelería (…)

Actualmente, en este nuevo proyecto web: gabrielabriebaplata.es, intento hacer accesible mi experiencia de forma digital. Es mi mejor modo de aportar asesoramiento y formación a los profesionales de la hostelería que, impulsados por su intención y voluntad quieran ampliar o mejorar sus conocimientos en Seguridad alimentaria. A través de esta plataforma se podrá acceder a formación corta y amena, sobre temas de salud pública, consumo y sanidad que afectan al profesional; y acceder a consultoría directa conmigo a través de skype o WhatsApp.

Como ambición personal, intento inspirar a otros profesionales para llevar la gastronomía a un punto donde el consumidor se sienta, además de satisfecho, SEGURO.

En Santa Cruz de Tenerife, a 13 de febrero de 2020